18/1/10

entrada N°7

-Por tu ropa puedo decir que eres extranjero. ¿Tengo razón?
Demetrio asintió para regocijo del aprendiz de adivino.
Pero Arico no había terminado de presentar sus virtudes.
-¿Sabes escribir? Yo he aprendido desde los 7 años cuando empecé a aprender con Fario. Ya conozco casi 5 idiomas, el antigüo clásico, el pictórico, el alto moderno, el élfico en uso y por supuesto el común. ¿Tú cuándo aprendiste a escribir?

Dek lo recordaba por supuesto, había aprendido a escribir en una prisión para piratas y si bien trazar signos en las paredes y aprender de aquel escriba que lo acompañaba en la celda había sido algo que aliviaba su condena, el recuerdo no era bonito.
Él había estado en un barco que transportaba mujeres y niños viajando a trabajar en una isla cercana pero un barco de la marina imperial de Sirenia los había descubierto y hecho prisioneros. Aparentemente las firmes autoridades de los caza piratas no tenían idea qué hacer con aquél cargamento. Sus leyes no favorecían la esclavitud pero castigaban la piratería con la muerte. Aquellos mujeres y niños no eran piratas pero tampoco se los podía liberar siendo que se consideraban cómplices. El debate jurídico de los sirenios acabó pronto cuando los príncipes despacharon una flota de combate y arrazó con la fortaleza donde estaba la prisión, recuperaron a los sobrevivientes y de paso se hicieron con un importante botín. Pero sí, quizás lo único valioso que había aprendido en aquel infierno había sido lo que el viejo escriba habia querido regalarle y luego eso también le había permitido ser tomado en cuenta para ser mensajero.
-Era mucho mayor que tú cuando aprendí a escribir.

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