18/1/10

entrada N°7

-Por tu ropa puedo decir que eres extranjero. ¿Tengo razón?
Demetrio asintió para regocijo del aprendiz de adivino.
Pero Arico no había terminado de presentar sus virtudes.
-¿Sabes escribir? Yo he aprendido desde los 7 años cuando empecé a aprender con Fario. Ya conozco casi 5 idiomas, el antigüo clásico, el pictórico, el alto moderno, el élfico en uso y por supuesto el común. ¿Tú cuándo aprendiste a escribir?

Dek lo recordaba por supuesto, había aprendido a escribir en una prisión para piratas y si bien trazar signos en las paredes y aprender de aquel escriba que lo acompañaba en la celda había sido algo que aliviaba su condena, el recuerdo no era bonito.
Él había estado en un barco que transportaba mujeres y niños viajando a trabajar en una isla cercana pero un barco de la marina imperial de Sirenia los había descubierto y hecho prisioneros. Aparentemente las firmes autoridades de los caza piratas no tenían idea qué hacer con aquél cargamento. Sus leyes no favorecían la esclavitud pero castigaban la piratería con la muerte. Aquellos mujeres y niños no eran piratas pero tampoco se los podía liberar siendo que se consideraban cómplices. El debate jurídico de los sirenios acabó pronto cuando los príncipes despacharon una flota de combate y arrazó con la fortaleza donde estaba la prisión, recuperaron a los sobrevivientes y de paso se hicieron con un importante botín. Pero sí, quizás lo único valioso que había aprendido en aquel infierno había sido lo que el viejo escriba habia querido regalarle y luego eso también le había permitido ser tomado en cuenta para ser mensajero.
-Era mucho mayor que tú cuando aprendí a escribir.

13/1/10

entrada n° 6

La biblioteca de Nerra era un vestigio de una época de gloria de la ciudad, cuando una dinastía de sabios magos había gobernado las tierras aledañas a la ciudad. Con paciencia y libertad la biblioteca había ido acumulando conocimientos y permitido el trabajo de muchos estudiosos. Sin embargo, los magos fueron desplazados a través de intrigas políticas y se sucedieron tiempos caóticos en la comarca. Luego arribaron reyes guerreros, hijos de mercenarios casados con viejas familias y dejaron de prestar atención a la biblioteca. Esta fue saqueada no más de 100 años atrás en las guerras de aquellos reyes cuando sus enemigos los vencieron y perdió gran parte de sus tesoros de conocimiento. Sin embargo perduraba y era la mayor biblioteca en muchas millas. Togas y bonetes la habitaban y unos pocos estudiante inberbes. Era uno de los pocos lugares de la ciudad donde se solía encontrar a algunos extranjeros dedicados a alguna investigación particular que necesitaba de los recursos y el ambiente de estudio de la librería. Y también se hallaba ahí el destinatario del mensaje.
Dek preguntó, subió escaleras, volvió a preguntar, se perdió y volvió a preguntar. Era dificil porque nadie parecía conocer a nadie por su nombre ahí, le preguntaban en cambio ¿A qué se dedica? ¿En que clase de búsqueda está? Y Dek no sabía esas cosas. Estaba a punto de empezar a preguntar en todos los salones persona por persona cuando escuchó una voz infantil en principio que le dijo:
-mensajero, yo conozco al que buscas.
Un jovencito de ojos brillantes y pelo pajizo le había hablado.
- Fario es mi tutor, sígueme.
Dek no lo dudó demasiado, el niño parecía serio y además estaba vestido con una buenas ropas lo que era indicio de que podía ser hijo de algún señor.
-Mi nombre es Arico, hijo de Saras el regente- cuál es el tuyo?
Dek se quito el sombrero con pluma, agachó la cabeza y dijo.
-Demetrio, pero me dicen dek.

7/1/10

Entrada n°5

A través de una calle principal casi desierta, de tierra enegrecida, casas de postigos cerrados o tapiados definitivamente y poca gente moviendose lentamente, Dek y su caballo hicieron camino.

-Su merced podría decirme dónde se encuentra la biblioteca que tanta fama tiene?-preguntó-.

La comadre a la que se había dirigido, de ropa sucia y gesto duro lo miró con expresión inescrutable como si fuese a reprender a un conocido por una impertinencia. Pero finalmente pareció cambiar de idea y asintió y le dijo:

-Eh, en efecto, reconocerá facilmente una cúpula de sangre como no hay otra apenas suba esa loma, allá, allá - concluyó señalando con mano trémula.

-¿Qué...? - estuvo a punto de preguntar "¿qué pasó en este pueblo?" pero se detuvo-.
La mujer pareció entender de inmediato, su cara volvió a transmutarse como por obra de una magia poderosa y meláncólica. No dijo palabra y Dek taconeó a su montura sin pensarlo y se alejó.

5/1/10

Entrada n° 4

Por ejemplo, un mensajero podía tener miedo al agua y no saber nadar, tener problemas de oído y equilibrio o como en este caso aborrecer el combate y la violencia. Dek era considerado el más temeroso de los hombres piratas, aunque era capaz de cruzar un desierto sin desesperar no era capaz de enfrentar una simple gresca en un bar. Hablaba sin levantar la voz, intentando por todos los medios no generar una discusión aunque fuese la más mínima. Su aspecto acompañaba su actitud inofensiva ya que era muy delgado, la piel fina de aspecto malsano y una mirada de constante angustia. Para compensar esto era extremadamente pulcro y lucía su gorro con pluma y el resto del uniforme de mensajero siempre bien cuidado y brillante. Hablaba con gran formalidad, haciendo todos los ademanes palaciegos necesarios en incluso forzaba una sonrisa si era necesario. Con todo, nunca había perdido una entrega por falta de cuidado y hacía un tiempo sorprendente especialmente en las malas y peores circunstancias de viaje. No era conciente de ello pero sus superiores admiraban estas cualidades.
Estigmatizado en una sociedad en donde el que no tenía valor para tomar las armas era visto como un inútil y un pusilánime, su temprana adhesión a la mensajería le habían por así decirlo, salvado la vida.
Pero su situación agradable no impedía que se pusiera muy nervioso en el momento inmediatamente previo a la entrega de su correo. Era la etapa de pedir indicaciones para confirmar las direcciones, en general ocurría en algún pueblo cuando no una importante citadela y muy pocas veces los habitantes eran del tipo pacífico o contenido. Por el contrario solían ser desconfiádos, en especial de nuevos llegados y era el tipo de situaciones que disparaban los enconos. Así Dek se sentía obligado a actuar con el cuidado más extremado, tomaba cualquier rol necesario para pasar desapercibido y se hubiese pensado que entregar su mensaje era siempre un asunto secreto.
Pero el ánimo en Nerra no favorecía las pendencias y así también el horno no estaba para bollos... pero de los que se dan y reciben en puñadas.