A través de una calle principal casi desierta, de tierra enegrecida, casas de postigos cerrados o tapiados definitivamente y poca gente moviendose lentamente, Dek y su caballo hicieron camino.
-Su merced podría decirme dónde se encuentra la biblioteca que tanta fama tiene?-preguntó-.
La comadre a la que se había dirigido, de ropa sucia y gesto duro lo miró con expresión inescrutable como si fuese a reprender a un conocido por una impertinencia. Pero finalmente pareció cambiar de idea y asintió y le dijo:
-Eh, en efecto, reconocerá facilmente una cúpula de sangre como no hay otra apenas suba esa loma, allá, allá - concluyó señalando con mano trémula.
-¿Qué...? - estuvo a punto de preguntar "¿qué pasó en este pueblo?" pero se detuvo-.
La mujer pareció entender de inmediato, su cara volvió a transmutarse como por obra de una magia poderosa y meláncólica. No dijo palabra y Dek taconeó a su montura sin pensarlo y se alejó.
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