13/8/09
entrada N°2
El pueblo vagaba en sus quehaceres con pena como de luto por algo que todavía no había ocurrido. Cada día los ánimos parecían más quedos y el movimiento disminuía. Pero aquel día un mensajero llegó al atardecer. Y no era uno que llevara la divisa del gremio conocido sino otra poco habitual, por lo visto de lejos. Un anciano murmuró vacilante algo así como "mensajero... pirata" pero nadie le hizo caso. El término para los salteadores de caminos no podía ser "pirata" salvo en sentido figurado y la idea de que aquellos tuvieran su propio gremio de mensajeros era demasiado extraña para ser comprendida siquiera salvo por juglares o filósofos. Lo más extraño del caso es que el viejo tuviera razón, un mensajero de los principados piratas traía un mensaje a Nerra.
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